Saludar, esa olvidada norma básica.

Agujero Negro Imagen compartida por Wikimedia.org

 

Vaya por delante la subjetividad y el dolor que implica para mí esta entrada, y sin embargo, la objetividad de lo descrito. Voy a ser dura. No pretendo ofender, sí que no se repita.

Hace hoy un mes operaron a mi hija de 4 años de una cirugía cardíaca pediátrica, “CCP” por abreviar, a “corazón abierto” y con extracorpórea. En Madrid tenemos libre elección, y elegí el que creí mejor hospital, entre otras cuestiones valoré la “cultura de empatía”, algo que yo defino con items como UCI abierta a los padres, citas telefónicas, posibilidad de comunicación por mail,… Es decir, un centro-trato “amable” para quienes ya de por sí están pasando un trago muy amargo.

Durante nuestra estancia solo tres enfermeras se presentaron.

Durante nuestra estancia solo tres médicos no se presentaron.

En este proceso han atendido a mi hija anestesistas (uno de los cuales vi salir de la intervención, creo es jefe del equipo de anestesia de CCP y  vino a verla a la UCI al día siguiente, me dio su impresión, fue muy amable, mirando a los ojos, aunque nunca se presentó), cardiólogos, cirujanos, hematólogos e intensivistas. Salvo aquel, la intensivista de la URPA-REA donde esperamos antes de que se la llevaran a quirófano, y una cardióloga, Todos, TODOS se presentaron con:

  • Nombre y apellidos
  • Especialidad (no mencionaron ser residentes aunque se les intuyera)
  • En general ofrecieron estrechar la mano en ese saludo-presentación
  • Tras lo anterior, siguió información muy detallada sobre la situación, lo que cabía esperar y lo que iban a hacer cada uno de ellos a mi hija. No observé impaciencia o incomodidad por mis preguntas y demandas. Cuando me mostré preocupada me tranquilizaron y pude negociar sin intransigencias por su parte.

Honestamente, no me lo esperaba.

 

En este proceso han atendido a mi hija enfermeras de planta, UCI, perfusionistas, URPA-REA, consultas externas, extracciones, enfermera de enlace, una residente de pediatría y una alumna, que yo sepa. Tan solo la enfermera de enlace, una enfermera en UCI y otra enfermera en planta se presentaron con su nombre por propia iniciativa. No sé quienes fueron supervisoras o alumnas,a parte de a quienes pregunté directamente.La mayoría amables y profesionales, y vaya por delante que sobre estas escribiré una carta de felicitación al centro. Sin embargo, me costó negociar mis peticiones. Algunas como hacerle tomar Tranxilum la perdí directamente intuyendo era un mal menor dada mi inferioridad con una enfermera concreta de UCI que no era de turno de noche (no caben excusas).

Es ¨curioso¨que pueda negociar con los Cirujanos Cardíacos qué abordaje torácico quiero que ellos hagan a mi hija: esternoctomía completa, parcial, inferior, toracotomía,… con total libertad  (así me lo expusieron en la consulta previa a la cirugía y así firmé el consentimiento) y no pueda negociar con una enfermera que mi hija tome o no Tranxilium. (En ese centro “la enfermera maneja la UCI” no me parece mal, solo lo aclaro).  Valga el símil a esas contestaciones que oigo en extracciones de “pincho donde quiero que para algo soy la enfermera” “Pincharás donde yo diga que para eso es mi brazo” creo que contestarían muchos si no estuvieran a punto de ser puncionados por la persona objeto de respuesta.

Enfermería ha sido en este proceso ese “agujero negro” en el que entran los procesos asistenciales en un momento dado.

Un “agujero negro” en el que no sabes quién hace, ni qué hace, con lo más preciado que tengo, mi hija.  Me gustaría hacer una reflexión sobre el grado de desconfianza que produce eso en el usuario que está siendo atendido.

Me diréis, y me han dicho amigas-familiares sanitarias “son profesionales, confía en ellos”. Qué soberbia encierra esta frase!! Siento el término, sin embargo es el que me nace. Acaso tú dejarías tu coche-móvil-ordenador-casa,… para reparar a una persona con los ojos cerrados; sin preguntar quién es, su nombre, qué le van a hacer, quién se lo lleva, cuántas veces lo hecho antes, con qué resultados, cuánto va a costar,  un “algo”? dando por sentado que esa persona, o el proceso, no puede tener ningún fallo con tu “lo más preciado”.  Igual es una sensación que ninguno de vosotros compartís, sin embargo, yo habría agradecido un ” voy a poner esto, o lo otro”. Salvo contadas ocasiones nadie me decía lo que le “enchufaban” o le retiraban a mi hija. Sabían que era enfermera. Yo soy pesada o persistente, y preguntaba qué ponían en aquellas ocasiones en las que no “me lo decían” las jeringas, los sueros o las bombas. Tener que preguntar siempre lo mismo. Cada vez. Cada día. Algo no estaba “adaptado”: o yo, o el proceso, o ambos.

Sobre adaptarse al usuario, cliente, paciente,…envidia me da este peluquero con este niño con autismo.


Sobre el saludo, la mayoría de las veces que decía “Hola. Soy Alicia, la madre de… Eres la enfermera de mi hija?.  Cómo te llamas? ” la expresión que veía era similar a esta:

¿Para qué me dice-pregunta el nombre?

Cómo digo, es doloroso. Porque es mi hija, y porque quienes no me saludaban, no me decían sus nombres, no me informaban,…ese agujero negro de invisibilidad en el proceso eran mis compañeras. Eran Enfermeras.

Os dejo con un vídeo que me hizo hace tiempo reír y reflexionar.

 

Gracias por darme la posibilidad de compartir mi experiencia a #EnfermeriaVisible. Y gracias a todas esas enfermeras excelentes que se preocupaban de no hacer ruido en la UCI cuando mi hija al fin dormía, o en planta le dejaban dar al émbolo de la jeringa al meter la medicación para que ella viera que no hacía daño, a las que me ayudaron cuando casi me derrumbo al ver a mi hija vomitando sangre. No se entienda por esta entrada mi falta de agradecimiento. Lo estoy, inmensamente. Y así lo reflejaré donde corresponde. Aquí, sin embargo, digo lo que vi que hacía invisibilizar excelentes profesionales y no nos costaría tanto cambiar. Saludar, presentarse, esas buenas costumbres que a mí misma me cuestan.

Alicia Negrón.

Responsable de Enfermería CS Dr Castroviejo. Madrid.

@Alicia82mad

Blog Alicia en el País de las Maravillas

 

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2 Comments

  1. Juan F. Hernández Yáñez

    Hola Alicia, ante todo, espero que todo vaya bien con la nena y que podáis dejar atrás pronto este mal sueño. Ojalá.
    Con respecto a tu entrada, darte la enhorabuena porque, aparte de expresarte con claridad, has sido muy valiente al denunciar situaciones que no deberían darse… pero se dan MUCHO.
    Mi comentario es solo para hacer notar la gran responsabilidad de los responsables de enfermería, empezando por las supervisoras (o supervisores) y acabando en la dirección de enfermería, incluso en la Gerencia. Estas cosas, como saludar, presentarse, explicar qué se va a hacer (mejor, que qué se ha hecho), ponerse a disposición, despedirse… aunque por supuesto tienen que ver con la buena educación de cada cual, no terminan ahí; de hecho probablemente en sus vidas personales sí sean educadas, saluden, se presenten, etc.
    Sin restar deméritos a quienes se conducen de manera tan poco correcta y empática, creo que se trata -o debería tratarse- de políticas de empresa, de organización, y deberían ser incorporadas como protocolos, al mismo nivel que el resto de protocolos (higiene, seguridad, cambio de turno, anotaciones en historia clínica…). Pero no es -suele ser- así. Si cuando una enfermera es destinada a una planta, siquiera un día para cubrir una ausencia, se le dijera nada más incorporarse: “en esta planta tenemos la norma de saludar, presentarnos, explicar qué vamos a hacer, ponernos a disposición y despedirnos, aquí tienes este pequeño manual que se lee en dos minutos”, otro gallo cantaría.
    Me conoces, sabes que soy muy crítico con tolerar conductas poco adultas por parte de enfermeras y resto de profesionales, pero creo que aquello para lo que no existen normas, ni un refuerzo “cultural” por parte de la organización, simplemente no existe. Y eso es lo que les pasa a esas enfermeras: la correción en el trato personal y la empatía no forman parte de lo que la organización espera de ellas.
    Perdón por el rollo, no es nada personal, me pasa siempre 😉 Un beso y muchos ánimos.

  2. Hola Alicia,
    Felicidades por la entrada. Confío que tu hija se encuentre bien y recuperándose de este duro proceso. Tu post me parece oportuno y relevante en muchos sentidos. En primer lugar, como comentas porque presentarse y saludar es valor, una muestra de civismo y respesto. Yo conozco el nombre y detalles personales de los pacientes, que menos que permitir conocer mi nombre, apellido y profesión a quien atiendo. En segundo lugar, coincido en que el modo que lo hacemos también es importante. En toda interacción, el primer contacto es fundamental, es cuando se forman los estereotipos subjetivos que permanecen en el inconsciente y condicionan la imagen que nos hacemos de la otra persona, la enfermera en este caso. Mirar a la cara, ir correctamente uniformados (sin muñecas colgando, etc.), dar la mano al presentarnos, decir el nombre y el apellido cuando nos presentamos, etc. influye y mucho.
    Justo ayer escribí una reflexión tras acompañar a mis hijos a una consulta. Casualidades de la vida, o igual no, el título de mi entrada (“A veces lo que se ve nos hace invisibles”) se me ocurrio tras leer el tuit de presentación de este blog (“Lo que no se ve, existe. A veces, lo esencial es invisible a los ojos”).
    Saludos,
    Jagoba

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